lunes, 13 de abril de 2009

" La Importancia De La Afectividad En La Educación"

El desarrollo físico del infante tradicionalmente ha tenido mucha importancia. Aunque no negamos que el desarrollo físico y psicomotor, y el desarrollo del lenguaje y cognitivo son de extrema importancia, también deseamos considerar el aspecto afectivo del aprendizaje en las etapas más tempranas del niño, como favorecedor de avances importante en los demás aspectos del aprendizaje como es el ámbito cognitivo y volitivo.
Conocer los aspectos más relacionados con el tema afectivo, actitudinal es de gran ayuda para padres y educadores en el sentido de favorecer la adaptación y el progreso escolar, y preparar al niño para aceptarse a sí mismo, autoestimarse e ir adquiriendo seguridad para conseguir resultados exitosos a lo largo de su vida. Establecer una relación afectiva positiva aporta beneficios tanto a la persona que educa como al niño.

Existen condiciones óptimas en la educación planteadas por Bronfenbrenner en 1985, la cual formula cuatro requisitos necesarios en la educación, que pueden ajustarse a padres y educadores:

1) En primer lugar, el infante debe poder observar y participar en tareas cada vez más complejas a través de la guía de personas con las que ha establecido relaciones emocionales positivas.

2) El niño debe contar con oportunidades, estímulos y recursos para implicarse en las actividades aprendidas, pero sin la dirección continua del adulto.

3) La tercera condición se refiere a la necesidad de que el principal adulto encargado de la educación del niño reciba el apoyo de otros adultos, cercanos al niño.

4) Finalmente la acción educadora se potencia si los diversos contextos en los que vive el niño están interrelacionados a través de la comunicación y de las actividades compartidas.

Por otro lado Lautrey demuestra que los niños educados en ambientes flexiblemente estructurados obtienen mejores resultados que los que se educan en ambientes más rígidos, observa además que consiguen un mejor rendimiento aquéllos en que en su ambiente se valora la curiosidad de espíritu y el sentido crítico.

¿Qué principios deben considerar los educadores, para poder lograr estimular el pensamiento del niño?

Las personas aprendemos de las acciones, los temores los sentimientos y algunas actitudes por asociación, es decir por casualidad en el tiempo y en el espacio de varios estímulos que nos hacen establecer determinados nexos de unión entre ellos y que hacen que los relacionemos en un futuro. También aprendemos parte de las conductas por observación, a través de las acciones de los demás. La observación y la manera de comportarnos como recuerdo de lo que hemos visto en los demás es algo que guía nuestras acciones en muchas situaciones, y es la explicación que encontramos a conductas consumistas o agresivas como manifestaciones del comportamiento.

Ahora bien, si reconocemos que la importancia del aprendizaje a través de la experiencia y observación es importante, también aceptamos el papel que juega en ésta etapa el desarrollo psicosocial y afectivo y el gran valor de fomentar la autoestima y la confianza en el niño, puesto que además de ir creandose desde etapas tempranas de la vida, tienen una gran incidencia en el rendimiento escolar y en el aprendizaje. Los sentimientos positivos, dan seguridad y confianza al niño y le dan pistas muy importantes acerca de saber si lo que hace está bien o no está bien.

El interés del niño y la motivación está muy ligada a aspectos afectivos, y son motivo de preocupación de educadores así como para otros no tiene ninguna relevancia

La afectividad en el aula.

Para el niño el aprendizaje lo conforman distintas áreas de su desarrollo: lo cognitivo, lo social, lo afectivo. Su desarrollo físico es muy importante pero al igual que su salud mental. El juego, tiene un papel importante también en su desarrollo. El desarrollo afectivo se sitúa claramente en la familiar y también ha de fomentarse y cuidarse en el área escolar . De él dependen la buena adaptación del niño y el rendimiento académico.

En el aula lo más importante para el niño es la flexibilidad, que aunque parezca contradictorio es establecer los límites claros para los niños; así se favorece el aprendizaje de las normas de comportamiento, y el desarrollo de la autodirección personal y de la conciencia. Ser flexible implica por parte del educador, actitudes de empatía y comprensión y captar necesidades que no siempre se manifiestan públicamente y que su descubrimiento supone un desafío para el profesor.

Demostrar la afectividad no es tarea siempre fácil. El tono de la voz y el trato agradable suponen un gran paso por parte del educador, aunque muchas veces se sienta uno tentado a restablecer el buen dinamismo con “un par de gritos”. Las expresiones verbales, manifestaciones de aceptación, las repeticiones y explicaciones también ayudan. El rostro es una manifestación muy rica del grado de aceptación y del humor; a través de rostro y cara el niño puede captar si es un buen partícipe y si es bien aceptado.

El acercamiento físico, a través del tacto y caricias positivas es una buena demostración que al niño le ayuda a sentirse integrado. El niño es como es y no siempre nos resulta fácil aceptarlo puesto que los educadores somos personas y hay actitudes que nos gustan y otras que nos cuestan más aceptarlas. Lo importante es reconocer y aceptar lo que más nos cuesta y sabernos manejar en aquéllas actitudes que son favorecedoras de las relaciones, como es la sintonía o empatía, esencial para que el niño se encuentre en una atmósfera de credibilidad, confianza y participación.

La sintonía se puede expresar y el niño es capaz de captarla a través de las manifestaciones verbales y no verbales. Se refleja en el movimiento, en la postura, gesto, contacto físico, tono de voz y la mirada. El educador ha de ser hábil en la demostración de la empatía y también en la correspondencia con el niño. Crear empatía es una buena opción para situarse en un aula con niños, es una habilidad por tanto puede aprenderse y produce efectos beneficiosos tanto en el educador como en el niño.

Aspectos psicosociales relacionados con la afectividad.

Vamos a describir algunos de los puntos más importantes desde el punto de vista del niño pequeño que pueden ser importantes para la adaptación del niño en la escuela y en donde los educadores tienen un papel afectivo activo como opción a desarrollar.

SEGURIDAD: El niño necesita de un mundo de estímulos continuos y ser orientado en los mismos para ir adaptándose exitosamente y en dónde encontrar ánimos para ir descubriendo nuevas experiencias. El niño debe ser preparado poco a poco para enfrentarse a lo nuevo, sin ser engañado ni avergonzado, con pautas concretas para controlarse y aprender los límites, y aceptar las correcciones sin sentirse amenazado ni protegido en exceso por parte de educadores y familia.

INDEPENDENCIA: El niño ha de ir desarrollando autonomía e intentar hacer cosas por sí solo. El núcleo en el cual se desenvuelve es muy importante que sea atrayente y que asocie el trabajo a lo divertido, para que se convierta en un estímulo y lo vivencie positivamente. La manera en cómo vaya superando las dificultades con éxito, irá fomentando su propia autonomía e independencia.

RESPETO Y CONFIANZA: Estas actitudes el niño las incorpora con las distintas experiencias y por observación de padres y educadores. Inculcar el respeto y la confianza a través de la lectura, llamando la atención sobre aspectos concretos en los cuentos y en las distintas situaciones de la vida cotidiana en los que hay que recapacitar. Es interesante dar explicaciones concretas y puntuales, resolver dudas, hacer numerosas preguntas acerca de temas relacionados con los valores, en definitiva ir asentando las bases para prepararlos para el futuro.


· Los niños comienzan a interesarse por el juego con sus compañeros de edad durante el segundo año de la vida. Los niños entre los 16 y 18 meses son más propensos a acercarse a otro niño, mirándole, sonriéndole y hablándole.

· Cuando entran a la escuela, los niños son mucho más hábiles en el ámbito social y juegan juntos cooperando e influyendo cada uno en las actividades del otro. Simulan ser adultos, animales o personajes de televisión a medida que aumenta su experiencia e imaginación su juego se vuelve más complejo y dramático.

· A la edad de cuatro años surge lo que se llama juego sociodramático, que incluye a varios niños. En éste tipo de juego la imaginación del niño es libre y se expresa con más libertad que cuando era menor.

· El juego activo en el niño permite desarrollar el área cognoscitiva y que entienda el mudo que le rodea, se siente acompañado. El desempeño de roles en el juego psicodramático permite al niño ir elaborando el concepto de sí mismo.

· Los hijos únicos suelen adoptar compañeros imaginarios, con los que puede practicar y desarrollar habilidades sociales, poco a poco desaparecen los compañeros imaginarios y encuentran amigos reales.

Los niños han de enfrentarse a numerosas frustraciones en su camino hacia la independencia y autonomía. Muchas veces no sabe expresar exactamente sus deseos y necesidades. Todas estas experiencias enfurecen al niño en mayor o menor medida cuyas habilidades motoras y lenguaje es todavía muy limitado; como no está muy desarrollado el autocontrol puede reaccionar con un estallido de arrebato, violencia, rabia, algo universal en la primera infancia. Lo más recomendable es permanecer tan tranquilos como sea posible ante ésta reacción agresiva; se ha de acercar uno al niño y hablar en tono suave. Otra alternativa es llevar al niño o niña con suavidad y firmeza a otra habitación a esperar a que se le pase, dejando claro al niño o niña que no hay otra solución pero que no es un castigo.

Aunque Piaget no es un educador, sus teorías y escritos han tenido gran impacto sobre la filosofía y la práctica de la educación. Piaget sostiene que el niño entra en la escuela con muchas ideas acerca del mundo físico y natural, aunque estas ideas son diferentes a las que tienen los adultos y se expresen en diferente leguaje. Por eso la tarea principal es desarrollar formas efectivas para comunicarse con los niños, y trabajar en base a acciones, más que con palabras. Es muy importante en esta etapa no entorpecer la disposición que tiene el niño a saber, usando programas demasiado estrictos. El niño es egocentrista y no opera de acuerdo a reglas. El método de Piaget trata de mostrar y ayuda a los niños a coordinar sus vivencias con el lenguaje y aprenden a describir sus experiencias. Al mismo tiempo los niños aprenden a superar su egocentrismo y terminan por comprender que la visión del mundo que tiene otro niño puede ser distinta de la propia.

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